Por Antonio Agredano:
Dice Hugo Gatti que Casillas es un portero horrendo. Que ni atrapa los balones, ni sale bien por alto. Que no le gusta, vaya. Como no puede ser de otra manera, el periodismo chovinista se le ha echado encima al pobre bonaerense; e Iker, el amado, ha salido al paso con un elegante: “no le puedo gustar a todo el mundo”. Yo, sin pretender ser un iconoclasta, estoy de acuerdo con el ex-portero argentino.
Es una posición difícil de mantener en público, y aunque suena a boutade o a declaración clementina, creo que es argumentable decir que Casillas es un portero inseguro, anárquico y potencialmente peligroso para cualquier defensa. Cannavaro, que sabe latín y ha jugado media carrera con un tal Buffon cubriéndole las espaldas, decía el año pasado que el portero madridista había mejorado, que salía más y gritaba menos a sus compañeros. No es posible que un equipo como el Madrid, por el que han pasado una decena de centrales en los últimos años, sólo esta temporada haya encontrado cierta estabilidad en la retaguardia. Mi modesta opinión: Casillas no sabe ordenar la defensa, no tiene un posicionamiento claro, y los balones comprometidos –esos que van a la parcela vacía entre la espalda de la defensa y el área del portero- son goles inevitables. Vende a sus zagueros en cada jugada. Por eso grita, para que no le griten a él. Iker, además, despeja muchos balones. En una defensa como la suya, con una media alta de estatura, no es un suicidio regalar un corner. Valdés, con un equipo liliputiense, intenta atajarlos todos. Un corner en el Barça es una bomba en la mano de un mono. De ahí sus fallos clamorosos al intentar quedarse el cuero en tiros envenenados, tal vez estos errores le han costado la internacionalidad. El portero del Barcelona es el portero que más me gusta en nuestra liga. En mi opinión, mejor que Casillas. Bien por alto, bien sacando a la defensa, con un posicionamiento increíble y con una capacidad intachable a la hora de agarrar el balón y no dar lugar a saques de esquina o segundas jugadas.
Siendo Casillas un portero puntero, de los mejores del mundo, creo que se estancó hace tiempo, que su margen de mejora ha quedado eclipsado por esa mano santa que evita el gol que tanto importa a los medios y al público en sentido amplio. Iker es el mejor en algo: sus reflejos y su agilidad. Es un portero que lo toca todo. Si va a portería pasa por él, ya sea con éxito enviándolo fuera o con fracaso, ralentizando el tiro que acaba en gol. Desvía muchos balones, igual en el uno contra uno y en los tiros lejanos –esos que al ser rozados varían su dirección con un roce del guante-. Yo no digo que el portero del Madrid, sea malo, yo sólo digo que sin ser un portero ortodoxo, firme, seguro y preciso; Iker Casillas ha conseguido transformar sus imperfecciones en una manera espectacular de evitar goles. Como hacía Busquets hasta que la afición se cansó de sus pantalones largos. Portero de balonmano, decían.
No me extiendo más, porque el debate es largo. Por otra parte digo que nunca he visto jugar a Gatti. Y que sus declaraciones están fuera de lugar. Echar caca sobre un compañero de demarcación, alta traición. Con lo que tienen que callar los porteros argentinos, y más en nuestra liga. Con Leo Franco perdiendo la titularidad ante un lentísimo Coupet, con un Ustari irreconocible –y ahora lesionado- o ese Abbondanzieri echando a perder el partido épico del Geta contra el Bayern.
¿Sabéis como se suicidan los argentinos? Saltando desde su propio ego.
