ÉTICA Y ESTÉTICA

24 04 2008

Nos hacen gracia los análisis frívolos aplicados al fútbol. Cuando en las previas de las grandes citas se dice que los equipos con camisetas rojas ganan más, la estadística de victorias y derrotas –que no deja de ser una casualidad más o menos repetida a lo largo de años muy distantes entre sí-, los diferentes rituales o supersticiones antes de los partidos; o cualquier acontecimiento anecdótico: celebrar un penalti es sinónimo de fallarlo.

Mi teoría es tan fútil como todas las expuestas, tan ridícula que es hasta creíble. Me vino a la cabeza el otro día pensando en Pavón, ese canterano sobrevalorado que se creyó solución al agujero defensivo madridista y que ahora pasa sin pena ni gloria por un Zaragoza en puestos de descenso. Recuerdo leer en El País una entrevista cuyo titular decía: “Se puede ser un buen defensa sin tener mala leche”. Lo leí, lo releí, y condené al ostracismo a este jugador. De una manera irracional, lo admito, pero el tiempo no me ha quitado la razón todavía. Es la posición de central o lateral especialmente una posición del juego underground, un juego de agarrones y codazos, por debajo de la legalidad. Desestabilizar al contrario es evitar el gol, ir certero al corte es evitar el peligro. La mala leche parece ser parte inherente a esta faceta del juego menos vistosa, más fiera y férrea que cualquier otra.

No quiero caer en el tópico, evidentemente, pero algo debe haber cuando ayer viendo los partidos de Champions, jugadores como Terry, con esa mirada firme y autoritaria o Skrtel, que parece un extra de cualquier película de acción, ponían las cosas en su sitio en sus respectivos partidos. La mala leche, no os confundáis lectores antes de analizar mi artículo, no es hacer daño. La mala leche, intentaré definirla de un modo poético, es ese coraje, esa energía, ese vigor extra que te da ventaja en una jugada cuando la fuerza y el cansancio se equilibran, cuando luchas en el minuto ochenta contra un jugador que acaba de entrar al campo, es la que te hace saltar un centímetro más que el contrario, es la que te tira al suelo para blocar in extremis un centro en boca de gol. Esa es la mala leche que Heinze tiene, la de Puyol… se ve en sus caras, en sus rictus firmes, severos. No la tiene Pavón, no la tiene Marcelo, no la tiene Oleguer, ni esa cara de bueno que tiene Metzelder… a la legua se intuye cuando un jugador dará mucho más de lo que tiene.

Por eso: defensas malencarados, desagradables y secos, en mi equipo tendríais un lugar seguro.

ANTONIO AGREDANO

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