APUNTES TRAS EL ÉXITO

30 06 2008

Claves del título

¿Por qué hemos ganado la Eurocopa? Es difícil analizar de una manera objetiva los hallazgos de nuestra selección. La resaca de la victoria unifica los partidos, los abrillanta y hace desaparecer los desajustes que hemos podido tener. Lo único cierto es que salvo el partido de Italia, lo demás ha sido un paseo. Y eso es algo inquietante en un campeonato donde están prácticamente los mejores equipos del mundo. La vieja máxima dice que los delanteros ganan los partidos y las defensas ganan los campeonatos. En España la delantera y la defensa se han mezclado de tal manera que daba la sensación de que atacaban 10 y defendían otros 10. Las líneas basculaban rítmicamente, matemáticamente, de una manera orgánica que iba más allá de la preparación táctica y casi se veía como un pálpito natural entre los jugadores. Puyol y Marchena han superado todas las expectativas y han secado a todos los delanteros, algunos de nombre Ibrahimovic, Toni, Arshavin, Klose… Senna ha sido casi el mejor de España, además de la sandez del músculo, el derroche físico y todo eso que inconscientemente decimos cuando vemos a un jugador negro de pivote defensivo, el hispano-brasileño ha sido la primera referencia de toque al armar el ataque. Ningún balón se ha movido sin criterio por su zona y a eso hay que añadir muchas recuperaciones y pocas perdidas. Un jugador ideal. Sumemos un agigantado Xavi, un meteórico Villa, las apariciones estelares de Torres… Lo bonito es que es imposible nombrar a un solo jugador sin hablar de dos o tres más imprescindibles. Equipo sobre jugadores. A falta de un crack, 23 jugadores de clase media-alta. La unión como respuesta a todas las cuestiones y una única duda: ¿Hasta donde podemos llegar con este equipo?

Una victoria de futuro

Para mí el fútbol es algo más que un deporte, es una pequeña fábrica de felicidad colectiva, un gas que se extiende de casa en casa y anima a la gente a celebrar las victorias ajenas como propias. Sentirse parte de un grupo de jugadores, gritar hasta la afonía, recordar los goles como momentos imborrables en el recuerdo de una vida. Ganar es un verbo precioso, egoísta pero paradójicamente cargado de generosidad. Ayer España ganó la Eurocopa con brillantez, con un juego depurado y preciso que está a siglos de ese juego rocoso y oportunista que Grecia utilizó para ganar la última edición de este campeonato. La revalorizada Roja ha superado de un tirón todos los complejos que llevaba arrastrando de las últimas fases finales en las que había participado. Primero esa absurda maldición de cuartos, después la mala suerte en el punto de penalti, también la falta de competitividad, la mediocridad auto-impuesta. Incluso se habló de incapacidad para ganar una gran cita. Las críticas al aluvión foráneo en La Liga eran la base de un país siempre a la vanguardia a nivel de clubes y prácticamente en la cola con respecto a otros combinados nacionales. Pero ayer todo eso cambió y ya sólo necesitamos mirar hacia delante. Hay que celebrar esta victoria pero no sólo como la meta de un buen trabajo sino como el punto de partida para la consolidación de un estilo. El relevo de Aragonés es bueno, es una persona agotada a nivel mental, pero ha dejado un equipo hecho, un sistema improvisado tras las derrotas ante Suecia e Irlanda y que ha dado un rédito increíble. Ahora Del Bosque vendrá a mantener lo mismo. Ligeros cambios de cromos, algún jugador por otro, y la preparación del siguiente peldaño de esta selección: el Mundial. Cuando lleguemos a Sudáfrica en el 2010 no habrá parangón anterior, ni título lejano. En un mundial nunca hemos hecho nada. Ahí estará el verdadero examen de nuestra selección. Creer que esta Eurocopa es el colofón sólo nos llevará a depresiones a cuatro años vista. Hay que seguir alimentando el espíritu y por supuesto, creérnoslo.

Las banderas

Ayer colgué un pequeño banderín de España en mi ventana. No fue la única. Córdoba, como casi toda España, hacía ostentación rojigualda desde las terrazas de sus casas. Como decía antes, el fútbol tiene un extra que lo saca del corsé deportivo para convertirlo en un estado de ánimo. Para mí, la bandera española era un símbolo molesto. Las reminiscencias a la dictadura eran obvias. Por más que la Constitución abogara por esos colores la sensación es que esa bandera era de otra época. La apropiación de los símbolos nacionales por las corrientes políticas más conservadoras, los pijos con banderitas en las muñecas o en el filo del cuello de los polos nos recordaba que la España progresista y humilde no tenía una bandera que la representase. Si el fútbol contribuye a esa normalización de los emblemas, a la naturalidad y a la falta de prejuicios, bienvenido sea. Detalles como ésta hacen de este deporte algo único.

ANTONIO AGREDANO

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2 responses

1 07 2008
filomeno2006

Curiosamente,aquellos que se llaman progresistas son los últimos en asumir el uso normal de la bandera de su país.Orgullo Y Prejuicio.Las banderas son símbolos,los goles son sentimientos,Los sentimientos a veces usan simbolos para representarse y fundirse. La roja y gualda es bota y balón de oro,campeona.Viva el fútbol y viva España.

1 07 2008
ss

xavi es el mejor jugador de españa, reconocelo payaso

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