VICTORIA

1 07 2008

“Diferencia semejante a la que hay entre tragedia y comedia, pues la una quiere mimetizar a los hombres como siendo peores y la otra como mejores de lo que son:”

Aristóteles

En 1981 John Huston tomó como inspiración para su filme deportivo Evasión o victoria un trágico episodio sucedido cuarenta años atrás en la Kiev sometida por el ejército de la Alemania nazi. El heroísmo de la tragedia clásica se define por la necesidad del sacrificio y el héroe trágico por la determinación con la que afronta un destino a medias ofrecido por los dioses, a medias elegido deliberadamente: el precio de la gloria es siempre la muerte. El famoso por infame episodio, vagamente aludido por Huston, supuso la culminación para los jugadores del FC Start de una gesta futbolística que ha acabado por convertirse en una alegoría deportiva de la lucha contra la opresión. El equipo estaba formado por antiguos miembros del Dinamo de Kiev y el Locomotiv, luego soldados contra la invasión nazi y finalmente vencidos abandonados a su suerte. Auspiciado por un apasionado del juego, panadero de profesión y de origen alemán, que acogió y motivo a sus antiguos ídolos, el FC Start pronto logró destacar frente a todos sus rivales ganando con comodidad (a veces vergonzosa) todos y cada uno de los partidos que jugó desde el primero (en junio del 42) al último (en agosto de ese año). El conocido como Partido de la Muerte ha marcado el punto en que estos hombres se convirtieron en héroes trágicos, y los quince minutos del descanso, luego de adelantarse a una selección alemana formada por miembros de la Luftwaffe, luego de ser amenazados de muerte por los nazis para dejarse vencer, y el momento en que a pesar de todo decidieron salir del campo, porque entonces ya sabían que iban a ganar, marcan el punto en que su orgullo, la gloria de una muerte trágica, pudo más que la necesidad de seguir vivos. Existen diferentes versiones del hecho, la más prosaica mantiene que tras el partido el equipo al completo fue conducido a un barranco y fusilado por oficiales alemanes, la más poética nos ha dejado ingenuas pero emotivas imágenes como la del Gigante Trusevich, preso en el campo de Siretz, al que la leyenda ha perpetuado cayendo al verse envuelto en un ataque de la Resistencia vestido de portero y gritando «¡El deporte rojo nunca morirá!». El filme de Huston, a pesar de ser considerado como uno de los peores trabajos de uno de los directores con más talento de su generación, a mi entender no deja de ser una de las comedias más inspiradas de la historia del cine, aunque no lo pretendía. John Colby (interpretado histriónicamente por un fondón Michael Caine), capitán del ejército aliado y antigua estrella de fútbol, organiza partidos entre los oficiales reclusos del campo Gensdorff. El mayor alemán Karl Von Stein (Max Von Sydow) propone a Colby un encuentro entre el equipo nacional alemán y los oficiales apresados por los nazis en un estadio parisino, ocasión que los apresados intentarán aprovechar para huir. Colby animará desde el banquillo en el menos sobrio de los estilos a una formación de élite que tanto en la vida real como en la ficción tampoco estaba dispuesta a perder y entre la que se cuentan grandes futbolistas como Booby Moore, Paul Van Himst, Osvaldo Ardiles o el gran Pelé, encargado además de la coreografía del partido en el estadio. Bajo palos, un hipermusculado y siempre sobreactuado Stallone, que hizo incluir la famosa escena del penalti, no prevista en el guion original, para lucimiento propio (toda su actuación una cima de la comicidad y el absurdo). Todos los elementos propios de la mejor comedia se desarrollan magistralmente: dramatismo, inverosimilitud, incoherencia… Pelé lesionado haciendo rabonas mágicas y una increíble chilena, extras de 1943 vestidos a la moda de principios de los ochenta, la caótica forma de juego (a pesar de la coreografía del dios brasileño). De todos modos, una deliciosa interpretación de las condiciones del juego que, aunque deje muy lejos la historia real sobre la que se inspiró, crea un nuevo simbolismo sobre las mismas imágenes: la voluntad contra la opresión, la decisión ante las dificultades y el triunfo de justicia del talento personal sobre la irracionalidad del determinismo. Sea cual sea la versión sobre la historia del Start, la enseñanza es la misma: se negaron a perder incluso a costa de su propia vida. Pero por una de esas maravillosas transfiguraciones de la vida en arte, John Huston encontró la forma de hacer que tal riesgo mereciese la pena también para los que lo afrontaban y el nuevo simbolismo alcanza una nueva enseñanza a través del simulacro de guerra que supone el fútbol: ¿evasión o victoria? Huston lo tenía claro, consiguieron escapar; el título original, simplemente Victoria.

LUIS GÁMEZ

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One response

12 07 2008
mario

Muy bien, Luis. A mí siempre me pareció que esta película coqueteaba con lo ridículo en muchas esquinas, sobre todo la que ocupa Stallone, pero, aún así, tiene algo, no sé…

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