ODIO ETERNO AL FÚTBOL MODERNO

4 09 2008

Fin del mercado de fichajes. Comienzo de liga. Justo cuando nos ponen el caramelo en la boca ¡Zas! Partidito de la selección. Esto del calendario… Resulta que un grupo de “jamalasjamalas” se ha hecho con el Manchester City. Amenazan con romper el mercado. Ya lo han hecho pagando una cantidad disparatada por el alter ego de Denilson. Si la FIFA (Platini) no para esto, temo que se van a cargar el fútbol tal como lo conocemos hoy en día. Los tabloides ingleses anuncian a bombo y platillo que los hombres del pañuelo cuyo patrimonio asciende a más de 15.00 millones de euros quiere comprar a CR7 por 170 millones, y que luego harán lo mismo con Messi, Torres y cía. Una vergüenza.

Esperemos que alguien ponga freno a esta locura mercantilita. Los niños ya no quieren jugar al fútbol, ahora quieren ser personajes famosos de peinados con crestas, coches de lujo y estar acompañados de la rubia macizorra de turno mientras pasean por picadilly circus a la espera de que llegue el chofer. Los campos de tierra y el amor por los colores quedarán para la nostalgia.

Dicho esto, la liga empieza de manera inesperada. Un Barça remozado con los mismos problemas que el año pasado. Un trampas que en el banquillo sólo tiene desechos de tienta, lo que enfada, y mucho al alemán bipolar. Una liga donde han emigrado los cracks y cuyos estandartes son Messi, Agüero y Villa. El dinero de las televisiones. Se dice. La crisis mundial, comentan. La mala planificación, creo. En fin. Es demasiado pronto para hacer juicios de valor. Sólo sabemos que ahora la liga se llama liga BBVA. Que este fin de semana la quiniela no merece la pena. Y que tras doce años de travesía en el desierto, el Atlético de Madrid lidera una clasificación ficticia de la competición. Por mí ya podría finalizar la liga.

Nacho Montoto

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11 09 2008
Gabriel Núñez Hervás

En el fantástico “Moteros tranquilos, toros salvajes”, el gran Peter Biskind detalla la odisea hollywoodiense de Bob Evans, ese hombre que cuando pretendía ser actor advirtió el poder de los productores y decidió ser uno de ellos. La frase, más o menos literal, fue: “Ya no quiero ser actor, quiero ser ese tipo que decide quién será el actor”. Algo parecido ocurre en el fútbol del siglo XXI. Si yo fuese Messi (a quien sólo me parezco en estatura y sex-appeal) no querría luchar por ser uno de los grandes futbolistas del momento, sino conocer la estrategia adecuada para ocupar el sillón más determinante del hemiciclo azulgrana. Es lo que hay. Pero, mientras tanto, mientras se van dando cuenta, que sigan gambeteando los argentinos, inventando los manchegos y definiendo los asturianos…

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