SIN PERDÓN

16 12 2008

Por Mario Cuenca Sandoval:

Sólo había un modo de empatar: frenar al pequeño, quebrarle el ánimo y las piernas, provocarle el llanto, arrancarle las alas, morderle las costillas, hacerlo regresar al útero materno, minar sus itinerarios, contaminar la ruta del aire a sus pulmones, sembrarle el camino de agujeros negros y de hongos nucleares, poner palos a las ruedas de la catapulta que estaba preparada para enviarlo al firmamento de los cinco a cero, reservado a los dioses, el paraíso culé de la manita, que aquella noche había dispuesto la mesa del ágape para Leonel Messi. Al menos, aquella pequeña meta-encarnación de Maradona se pudo lamer las heridas con un gol así, lamido, casi una caricia; de los que más duelen.

we

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: